sábado, 14 de abril de 2012

Un Café De Chancamayo En Montreal

Afuera, un frio del carajo. Adentro, una joven divina, de ojos verdes y enigmáticos, atiende a las gentes de todos lados con humeantes tazas de un café cargado, cholo, indio, extraordinario y con pasteles frescos de una suave mantequilla quebequés. Sentado en una mesa redonda, blanquecida por la intensa luz del sol que transgrede sin estorbes el antiguo ventanal, un viejo extranjero solitario, casi bostezando, dirige a la bella joven de mirada curiosa y efectos desbordantes una frase acentuada, medrosa, impropia para un quechua-hablante en Montreal: Mademoiselle, un café noir, chaud, péruvien, s’il-vous-plait !



Tucho